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Ensalada Americana - Melting Pot
Por autura prestigiosa, Jamie Talan
El pasado julio, desapareció Francisco Obando, lo que
provocó una búsqueda de dos días por las calles de
Queens. Cuando la policía lo encontró en un parque de
un barrio vecino, el brazalete de plata que portaba en su
muñeca izquierda fue la clave de que habían encontrado a
la persona correcta. Hace cuatro años, la esposa de
Francisco Obando, Lilia, recibió dos brazaletes emparejados
de la Alzheimer’s Association. El brazalete de ella la
identificaba como cuidadora; el de él, como paciente.
Los brazaletes marcarón un hito conmovedor en su
matrimonio. Una vez que se supo que Francisco tenía
una enfermedad llamada Alzheimer, fuerón ocho años largos
viendolo deteriorárse. En 1995, su temperamento
cambió de amoroso, calmado y contento a agresivo y paranoico.
Ella lo llevó a una sala de emergencia local y los
doctores dijerón, que el tenia demencia,” Lilia recuerda.
Ella se marchó pensando:“O sea, ¿está loco?” El tenía 62
años.
La Sra. Obando y sus dos hijos adultos cuidarón a
Francisco durante años sin ayuda de la comunidad. Ella
explicó el problema al jefe de la fábrica de pintura donde
él había trabajado arduamente durante muchos años. Se
le dio un trabajo más fácil para lograr alcanzar la jubilación
y cobrar sus prestaciones del Seguro Social. Durante este
tiempo se volvió más paranoico, escondiendo joyas y
dinero y culpando de las pérdidas a su hijo. Hoy en día, a
los 74 años, ya no se recuerda que Lilia es su esposa, la
mujer que conoció y con quien se casó cuando ella tenía
apenas 19 años y él 34 años de edad. Ahora, es una hermana
y algunas veces una amiga, pero todo el tiempo ella
es una cuidadora.
Ahora también ha perdido su memoria a corto plazo.
Ha eliminado cuatro décadas de su vida. En su mente,
tiene 30 años de edad. Constantemente está tratando de
buscar a sus padres. Ellos están muertos. Hasta que la Sra.
Obando tuvo un diagnóstico para su esposo y un lugar
para hablar sobre su conducta extraña y de terror, permaneció
callada sobre su demencia. El jefe de su hijo fue
el primero en decir que Francisco podría tener la enfermedad
de Alzheimer. En ese momento es que ella fue a
la Alzheimer’s Association de la Ciudad de Nueva York y
explicó el problema que ellos enfrentaban con Francisco.
Ese mismo día conoció a otra mujer con una historia similar
de amor y pérdida de memoria. “No soy la única,”
pensó ella.
Hoy día, la Sra. Obando puede recitar la lista de síntomas
que definen la enfermedad de Alzheimer. Ella es
parte de la creciente comunidad de hombres y mujeres de
las minorías que están luchando a su manera con la enfermedad
de Alzheimer. “Simplemente sabiendo lo que es,
ha ayudado enormemente,” dijo ella. También ha aprendido
a pedir ayuda. Su esposo va a un centro cercano tres
días a la semana donde baila, canta y participa en una cantidad
de actividades estimulantes. Dos veces al mes ella
atiende el grupo de apoyo conducido por Licet Valois.
Ella es la trabajadora social encargada de los sevicios para
los latinos en la Alzheimer’s Association en Manhattan.
También hay un programa similar para los afroamericanos
y el Capítulo tiene la esperanza de expandir el programa
a familias asiáticas y rusas. El personal del Capítulo va a
iglesias y centros geriátricos para educar a las personas
sobre las señales de la enfermedad de Alzheimer y las demencias afines – y a dónde ir para obtener un diagnóstico
y tratamiento apropiado.
El Capítulo también ofrece programas de capacitación
para cuidadores en Español.
Las estadísticas federales reportan un aumento asombroso
de la enfermedad de Alzheimer a medida que las personas
nacidas inmediatamente después de la segunda guerra
mundial (Baby Boomers) envejecen en las próximas
décadas. El Capítulo tiene bien consciente los factores que
previenen que las minorías reciban la atención y el cuidado
médico apropiado – y estos incluyen barreras culturales,
socioeconómicas y de lenguaje. En consecuencia, el
Capítulo ha iniciado varios programas para satisfacer las
necesidades crecientes de estos grupos.
“We are offering services and education to
diverse communities in the city and the outlying
areas,” said Jed Levine,Executive Vice President and
Director of Programs & Services. “There are many
minority families who never go for help and don’t
know how to access the health care system.”
“Estamos ofreciendo servicios y educación a diversas
comunidades en la ciudad y áreas adyacentes,” dijo Jed
Levine, el Vice-Presidente Ejecutivo y Director de
Programas y Servicios del Capítulo de la ciudad de Nueva
York. “Hay muchas familias de minorías que nunca piden
ayuda y no saben cómo tener acceso al sistema de atención
y cuidado de la salud.”
El aprender sobre la enfermedad de Alzheimer en su
idioma nativo y conocer a otras familias hispanas con seres
queridos enfermos ha ayudado a la Sra. Obando a sobrepasar
la brecha médica. Y no está sola. Las personas que
han ingresado a los programas a través de la Alzheimer’s
Association, ya sea para capacitación de cuidadores o
grupos de apoyo, están aprendiendo a cuidar a sus seres
queridos – y a sí mismas. La Sra. Obando dice que
comprende lo que el futuro traerá, pero el apoyo comunitario
le ha ayudado a medida que han surgido nuevos
desafíos. “No quiero que él vaya a un hogar de ancianos,”
dijo ella. “Lo mantendré conmigo aquí.”
Los expertos de Alzheimer comprenden la barrera racial
y cultural y estan prestando mayor atención a las poblaciones
de minorías. Jennifer Manly, Ph.D., Profesora
Asociada en el Departamento de Neurología en el centro
G.H. Sergievsky Center de Columbia y el instituto de
investigación de Alzheimer y cerebro en proceso de
envejecimiento Taub Institute for Research in Alzheimer’s
and the Aging Brain, esta interesada especialmente en las
pruebas neuropsiquiátricas usadas para diagnosticar la
enfermedad de Alzheimer. Ella ha encontrado que las
pruebas no toman en cuenta las diferencias en raza, ni en
cultura. Diseñadas para medir la deficiencia cognitiva, las
preguntas y las respuestas de los pacientes se miden
contra una norma estándar – y éstas son basadas en una estadística de grupo que consiste de respuestas de una
población mayormente caucásica.
La Dra. Manly era una estudiante de doctorado en la
universidad de Southern California a mediados de la
década de 1990 cuando descubrió que podía medir y
ajustar las expectativas de cómo se desempeñarían los
afroamericanos en estas pruebas y lograr diagnósticos más
precisos de deficiencia cognitiva.
“Hay muchas cosas que sabemos sobre estas pruebas,”
dice la Dra. Manly. “Esperaríamos algo diferente de una
persona de 17 años a una persona de 70 años de edad. Las
mujeres logran resultados levemente mejores en las pruebas
de función verbal, y los hombres tienen mejor puntuación
en las pruebas espaciales.” Otro factor que ha sido
parte de la tradición científica durante décadas: Mientras
más años de educación tiene una persona parece protegerla
contra el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer.
Esto basado en la teoría de la reserva cognitiva. El aprendizaje
edifica mejores cerebros, y mientras más sólido es el
cerebro, mejor puede afrontar los estragos de la enfermedad
de Alzheimer que daña las células del cerebro, que
controlan la memoria y el pensamiento.
Pero la Dra. Manly determinó que estos investigadores
no tomarón en cuenta la calidad de esos años de escolaridad.
Cuando ella hizo las preguntas correctas e hizo sus
propios cálculos, encontró que la calidad de la educación
era más importante que la raza o la cultura para determinar
el riesgo de contraer la enfermedad de Alzheimer.
Con esta información en la mano, llegó a Columbia en 1996 para trabajar con Richard Mayeux, M.D., y sus colegas
que estaban realizando un gran estudio epidemiológico
sobre la enfermedad de Alzheimer en el norte de
Manhattan, una comunidad rica en minorías. Los científicos
habían publicado varios informes que sugerían que la
incidencia de Alzheimer era mayor en afroamericanos.
“Me puse a pensar si estos hallazgos eran simplemente un
efecto secundario a consecuencia de resultados imprecisos
de las pruebas,” dijo ella.
De hecho, puso a prueba sus cálculos y encontró que la
calidad de educación fue el pronóstico principal de riesgo,
y una vez que tomó en cuenta las diferencias étnicas
entre las personas mayores en estos vecindarios del norte
de Manhattan, estas diferencias desaparecierón. “La raza
en sí tiene que ser analizada en detalle,” dijo la Dra. Manly.
“Los afroamericanos quizás tengan mayor riesgo como
grupo, pero tal vez no tenga nada que ver con la raza.
Podría ser la calidad de educación que recibierón.”
Apartando la investigación y las pruebas cognitivas, la
Dra. Manly se preocupa que el acceso a la atención y
cuidado de la salud sea lo que restringe a muchas minorías
a obtener la ayuda que necesitan. “Muchas minorías apenas
tienen atención y cuidado de la salud apropiado.
Pueden estar viendo a doctores que no tienen
conocimiento sobre la enfermedad de Alzheimer o simplemente
tienen tiempo suficiente para atender problemas
médicos de emergencia. Tal vez ni siquiera preguntan
sobre problemas de memoria,” dijo ella. Aún cuando los
doctores preguntan, ella dijo que la estructura de la familia
y la comunidad entre afroamericanos no es la de buscar
ayuda para las personas mayores que pierden habilidades
de función o cognitivas. “Las personas tienen que ser educadas,”
dijo ella. “Simplemente no saben qué preguntas
hacer. No están informados con respecto al propósito de
un diagnóstico temprano.”
Las familias hispanas tienen otra capa de complejidad.
Con frecuencia, los profesionales de la salud que los atienden
no hablan su idioma, añadió la Dra. Manly. En
Columbia se hacen todas las pruebas en español. Pero aún
cuando un diagnóstico es positivo, muchas personas no
entienden que la enfermedad de Alzheimer es una enfermedad
progresiva y que los tratamientos pueden mejorar
algunos de los síntomas, pero sólo temporalmente. “No
están familiarizados con la enfermedad de Alzheimer,”
explicó la Dra. Manly. “Piden medicina y creen que la enfermedad desaparecerá.”
La Dra. Manly y otros expertos se preocupan que si y
cuando surgen estrategias preventivas de los laboratorios
de investigación o aparezcan mejores tratamientos, los
últimos en beneficiarse serán las minorías. “Las vías de
comunicación están rotas,” dijo ella. “Tenemos que atender
estos problemas.”
Ella dijo que los organizaciones como la Alzheimer’s
Association tienen un trabajo arduo por delante.
Uno de los desarrollos clave en el Capítulo de la Ciudad
de Nueva York es la Capacitación de Cuidadores en
español. Los ayudantes de salud en el hogar de muchos
países aprenden sobre la enfermedad y las técnicas que les
ayudan a comunicarse con los pacientes en la agonía de
una demencia progresiva. “Les enseñamos a buscar una
manera de comunicarse cuando se han perdido las palabras,”
dijo Alison Reynoso, M.P.H., una capacitadora de
Cuidado de Demencia. Se les enseña a cuidar durante
cada etapa de la enfermedad. Aprenden la diferencia entre
el olvido normal y la pérdida de memoria debido a la
enfermedad de Alzheimer. Hasta aprenden ejercicios y
técnicas de yoga para mantener a sus pacientes física y
mentalmente activos. Una ayudante de cuidado en el
hogar de un hombre hispano mayor con la enfermedad de
Alzheimer aprendió a preguntar en su capacitación,
“¿Cómo quieres que te llame?”
El hombre respondió,“Caballero.”
Ella vió como se lleno de orgullo. Cuando la esposa del
hombre le preguntó por que ella lo estaba llamando
“caballero”, él simplemente respondió: “Por qué no me
llamas así también.”
Licet Valois dirige sus grupos de apoyo en Español.
“Parte de nuestra cultura es cuidar de nuestros seres queridos
nosotros mismos.” Pero ella le enseña a las familias
que es importante, hasta necesario, pedir ayuda. Ella aconseja
a las familias en diversos aspectos, desde facilitar el
acceso a médicos hasta ayudarlos a navegar por el complejo
sistema de servicios sociales. Ha hecho conexiones con
internistas, neurólogos, psiquiatras y hasta abogados locales
que hablan Español. “Las necesidades de nuestros clientes
continúan en crecimiento,” dijo ella.
Rosemary Irving, la Gerente del Alcance Afroamericano
del Capítulo de la Ciudad de Nueva York está de acuerdo.
Ella dijo que es crítico llegar hasta las personas en la comunidad para hacerles saber de los servicios que están a
su disposición. Ella ha iniciado grupos de apoyo en iglesias
y centros geriátricos locales. “El truco está en alcanzarlos
y hacer saber a las personas que no están solas.”
En cuanto a Lilia Obando, ella ahora está orgullosa y
confiada en su papel de cuidadora de un ser querido con
la enfermedad de Alzheimer. Su hija comparte la responsabilidad
diurna cuando su mamá está en el trabajo. “Él
fue un esposo y padre amoroso,” dijo la Sra. Obando. Dijo
que ha aprendido a cuidarlo. También quiere empezar a
trabajar como voluntaria en el Capítulo de la Ciudad de
Nueva York para educar y apoyar a otras familias de
habla hispana. “La Alzheimer’s Association me ha
ofrecido tanto. Estoy muy agradecida. Ahora puedo
decirle a las personas que mi esposo tiene una
enfermedad del cerebro, y que se llama Alzheimer.
No es él. Es la enfermedad que lo hace comportarse
como lo hace ahora.”
Cuando mira su brazalete, un símbolo de esperanza de
los programas MedicAlert® + Alzheimer’s Association Safe
Return®, comprende el vínculo de los círculos plateados –
uno en su muñeca y el otro en la muñeca de su esposo.
“Él es un hombre maravilloso,” dijo ella. “Trataré de hacer
lo mejor que pueda.”
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Jamie Talan es una escritora
científica quien ha estado
cubriendo historias acerca de
las enfermedades del cerebro
por 20 años para Newsday.
Recientemente, ella dejo el
periódico para convertirse en
una escritora distinguida en el
Feinstein Institute for Medical
Research.
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