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¿Es acertado el paquete de estímulo económico?
Los más recientes datos financieros parecen
indicar que el empeoramiento de la recesión está
aminorándose. Algunos economistas sienten un
optimismo esperanzado y opinan que llegaremos al punto
crucial de retorno para el año que viene. Como economista
que se apasiona por entender el vínculo entre la salud y la
productividad económica, creo que este es el momento
apropiado para examinar cómo van los servicios para la
tercera edad, y si nos estamos posicionando inteligentemente
para beneficiarnos de la recuperación y contribuir a un
mayor crecimiento económico.
Como ya es sabido, la política y la economía están
sumamente entrelazadas. En la economía de hoy en día,
con el gobierno del Presidente Obama que encara déficits
presupuestarios sin precedentes, es más importante que nunca
comprender el transfondo económico que actualmente forma
parte de los debates políticos y las bases tras estas suposiciones
económicas.1 Sin embargo, los que elaboran políticas son
a menudo víctimas de los mitos económicos negativos y
de los estereotipos asociados con la población anciana. Por
consiguiente, quiero repasar cuatros suposiciones comúnmente
sostenidas sobre la economía y los ancianos que contrariamente
a lo que popularmente se cree son completamente falsas.
Suposición No. 1: Los ancianos son un peso para
la economía
Realidad: Los personas mayores (de más de 50 años)
gastan como grupo consumidor $2 billones, una cantidad que
seguramente aumentará a medida que la población continúe
envejeciendo.2 Esta demanda creciente de los consumidores
estimulará muchas industrias. Dichas industrias incluyen
la alta tecnología, donde habrá avances importantísimos en
los productos con tecnología de utilidad para las personas
mayores, así como en las industrias más tradicionales como
la vivienda asistida, las compañías farmacéuticas, el sistema
bancario, las agencias de viaje y los seguros a largo plazo.
Contra este trasfondo de la dinámica y la productividad
económica debemos desarrollar un plan estratégico nacional
para examinar y prevenir las consecuencias devastadoras
que causará el Alzheimer. Desgraciadamente, es verdad que
los que sufren de Alzheimer representan un costo para la
economía. Muchos acabarán gastándose sus ahorros. Los
cuidadores (la familia, los amigos y los vecinos) a menudo
se verán forzados a trabajar menos o dejar de trabajar para
cuidar a los que sufren de Alzheimer. Hasta la fecha, casi 10
millones de cuidadores no compensados han brindado más
de 8.500 millones de horas de atención, por un valor de más
de $94.000 millones.3 El costo económico y la pérdida de
productividad laboral en el mercado son enormes. Cuando
la población adulta envejezca y se duplique durante las
próximas décadas, puede que la continua pérdida económica
sea insostenible al no contar con mejor prevención o control
del progreso del Alzheimer.
Suposición No. 2: Los ancianos son una carga
para el sistema de atención médica.
Realidad: La industria de atención médica, que es uno
de los sectores de mayor crecimiento en términos de empleo
en el país y que está en auge a causa de la creciente demanda
asociada con la tercera edad, será un poderoso estímulo
económico, particularmente en los grandes centros urbanos
tales como New York.4 En el mercado de la atención médica,
como en todos los mercados, los gastos de los consumidores
crean ingresos para los productores.5 Por consiguiente, los
crecientes gastos asociados con la atención médica de la
población anciana incrementaran el número de puestos de
trabajo y los ingresos de los que trabajan brindando atención
médica. Un reciente estudio del Urban Institute aduce que
la atención médica es el sector líder en la generación de
empleo en 20 de las ciudades más importantes de los Estados
Unidos, y el Ministerio del Trabajo pronostica un enorme
crecimiento en puestos de trabajo en la atención médica
durante las próximas décadas.6,7
Sin embargo, ¿cuánto deben subir los gastos de la atención
médica antes de que comiencen a incidir negativamente en
otros sectores de la economía como la vivienda y la educación
escolar? No se trata de un crecimiento absoluto sino de un
crecimiento relativo en comparación con la economía en su
totalidad. De hecho, según un reciente estudio, los costos
de la atención médica puede que aumenten un 1% más
rápidamente que el crecimiento económico per cápita real,
sin que produzca consecuencias adversas durante las próximas
siete décadas; o sea que no tendremos que recortar gastos en
ningún otro sector de la economía hasta el año 2075. Si la
diferencia fuera de un 2% todavía tendrían que pasar 3 décadas
más antes de hacer recortes adicionales en los gastos.8
Suposición No. 3: La medicina preventiva no es
eficaz en función de los costos después de los
sesenta y cinco años de edad.
Realidad: Los economistas de la salud han mostrado
resultados sorprendentes para la industria de la atención
médica sobre la eficacia en función de los costos desde que
la medicina preventiva comenzó a usarse sistemáticamente
para los ancianos hace 20 años. Un reciente estudio del
valor de la prevención de enfermedades en las personas
ancianas, ha demostrado que la prevención puede ser muy
eficaz en función de los costos. Por ejemplo, el control de la
hipertensión puede reducir los gastos por $890.000 millones
durante los próximos 25 años, y al mismo tiempo puede
añadir 75 millones de años de vida; reduciendo la obesidad
al nivel de los años 80, lo cual generaría un ahorro de más de
$1 billón.9 Sin embargo, a pesar de que existen interesantes
indicios, contamos con muy poca información sobre la
prevención de enfermedades y los cambios en el estilo de vida
que posiblemente reduzcan el riesgo de contraer Alzheimer.
Se necesita urgentemente un estudio que incluya la posible
asociación entre el Alzheimer y la obesidad, la diabetes, y las
enfermedades vasculares.
Suposición No. 4: Mayor longevidad causará
enormes gastos sanitarios y sociales asociados
con las enfermedades degenerativas y con la
discapacidad y el deterioro económico.
Realidad: Hay una asociación positiva entre mayor
longevidad y crecimiento económico. Un reciente estudio en
los países en desarrollo ha calculado que un aumento de diez años
en la expectativa de vida causará casi un 1% en el crecimiento
del ingreso anual.10 Esta conclusión económica podría afectar
también a los vecindarios urbanos. Es posible especular que si
hay menos desigualdad de longevidad entre todos los vecindarios,
se podría generar mayor prosperidad urbana.
No hay duda de que la riqueza económica viene definida
por algo más que el valor del mercado: también incluye
el valor social. Un reciente estudio de la Universidad de
Chicago estima que el aumento de la longevidad entre
1970 y 2000 añadió más de $3 billones al año a la riqueza
nacional.11 Esto es un enorme aumento del valor social que
los análisis del mercado estándar no consideran.
Adicionalmente, las personas mayores gozan de buena salud
durante más tiempo. Nueva información revela que la tasa de
discapacidad en la tercera edad ha disminuido para todos los
grupos socioeconómicos durante las últimas dos décadas.12
Estas conclusiones brindan prueba a favor de la hipótesis de
la “compresión de la morbilidad”.13 Dicha hipótesis sugiere
que, a medida que las personas viven más tiempo, la morbilidad
relacionada con la edad comienza más tarde en la vida; o sea
que se “concentra” en la fase final de la vida.
Sin embargo, sin una cura para el Alzheimer, los beneficios
de una mayor longevidad se reducirán enormemente. Hoy
en día, el riesgo de contraer Alzheimer se redobla cada cinco
años después de los 65 años de edad; 40% de las personas de
más de 85 años sufren de Alzheimer.14 Si se permite que
continúen las actuales tendencias, la población en Estados
Unidos con Alzheimer se triplicará para el año 2050 y
llegará a 13 millones, causando serias consecuencias en el
crecimiento de la economía asociado con mayor longevidad.
Este artículo has sido abreviado, para leer la versión completa
por favor refiérase a nuestra página Internet www.alznyc.org/espanol.
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Marianne (Mimi ) C. Fahs, PhD, MPH, Profesora y
vicedirectora de Rose Dobrof, Brookdale Center for
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